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Tres entrerrianos compartieron sus vivencias en la base Vice Comodoro Marambio

En la Base Marambio prestan servicio desde el 26 de octubre pasado, Marcos Ríos (Crespo), Verónica Berta y Marcelo Caraballo (Paraná). Llegaron tras prepararse para vivir una experiencia que sólo viviéndola se conoce acabadamente.
Tres entrerrianos compartieron sus vivencias en la base Vice Comodoro Marambio. Para comenzar, viene bien recordar que la Base Vicecomodoro Marambio fue fundada el 29 de octubre de 1969 y debe su nombre al piloto de la Fuerza Aérea Argentina, Gustavo Argentino Marambio, que fuera uno de los pioneros en volar en el Sector Antártico Argentino.
Antes de esta fecha, durante el invierno de 1969 y procedentes de la Base Aérea Matienzo, un puñado de hombres arribó a la zona de la isla y emprendió la construcción de la pista de aterrizaje con sus picos y palas. Estos pioneros conformaban la “Patrulla Soberanía”, siendo fundadores de la Base Aérea Vicecomodoro Marambio, dando el puntapié inicial.
El Dr. Juan Carlos Lujan, Suboficial Mayor (R) FAA y Presidente Fundación Marambio integró esta dotación antártica (1968/69) y recordó aquella epopeya relatando “llegamos en noviembre a la base aérea teniente Matienzo, que ahora funciona sólo en verano y que entonces estaba en emergencia severa, sin comida ni combustible porque el año anterior no se la había podido abastecer y sus ocupantes quedaron aislados”.
“Como los hielos no nos permitían acercarnos, tuvimos que descargar desde el rompehielos sobre un témpano que navegaba a la deriva y hacer un puente aéreo durante una semana, volando durante las 24 horas. Logramos poner la base casi en funcionamiento y allí pasamos la primera Navidad lejos de la familia. Sabíamos que teníamos un año por delante”, dijo Luján. Desde allí se iniciaron las acciones y arrancó la patrulla Soberanía hacia la isla Seymour, que tomó el nombre Vice comodoro Marambio, igual que la base.

Hoy en Marambio hay 109 personas porque a la dotación anual que ingresó el 26 de octubre de 2010 se suman el escuadrón de helicópteros, los científicos y el personal de las bases a las que se accede por mar.
“La actividad primera, el fin primero es la presencia argentina en el lugar”, dijo Luján y agregó “las funciones son el mantenimiento de la pista operativa todo el año, las instalaciones, los servicios. Pese a ser una base militar, allí no hay armas. El personal realiza tareas logísticas y operativas en apoyo a la ciencia, varones y mujeres que constantemente se instalan allí”.
La actividad científica en la Antártida se desarrolla en disciplinas tan variadas como Paleontología, Glaceología, Biología, Sismología, Vulcanología, Magnetología, Meteorología, Ozonosondeo.

Desde todos los verdes a todos los blancos
En la Base Marambio prestan servicio desde el 26 de octubre pasado, el Suboficial Ayudante Marcos Ríos (43 años), Encargado de Ayudantía en la Base Marambio y Encargado de Prevención de Accidentes y Medio Ambiente, casado con Karina Andrea Caro y papá de Lucas y Facundo; el Ayudante Marcelo Caraballo (40 años), Encargado del Servicio de Comunicaciones, casado con Lorena y padre de Agustín y Candela y la Cabo Verónica Guadalupe Berta (23 años), Auxiliar de Meteorología, soltera.
Tres jóvenes entrerrianos que aún añorando los verdes de nuestra provincia, siguen maravillándose con el paisaje antártico.
Ríos contó “en este momento somos 109 personas, pero la dotación de todo el año somos 37”, cifra que incrementa el grupo humano que se suma durante el verano. Como es de esperar, preguntamos cómo fue celebrar allí la Navidad, y su respuesta fue “esta fue una Navidad linda, en grupo, porque este es un lugar especial y se forma una comunidad particular”.
“Nos han dado una linda sorpresa con un video de la familia y para fin de año, la celebración será muy similar a la Nochebuena: es un grupo que trata de pasarla lo mejor posible”, agregó Marcos. En cuanto al menú, los platos fueron a base de cerdo y cordero, completándose con una mesa de dulces, porque allí las calorías son muy necesarias. Las fechas especiales -como es de imaginar- se viven con el sentido de equipo que se va dando a medida que se convive y se comprende que hasta el recambio del año próximo, cada uno será indispensable para el otro. Si bien pueden comunicarse con sus familias a través de Internet y las líneas telefónicas de las que disponen, pero están allá. Donde las actividades transcurren en un edificio en el que están la sección de alojamiento, el casino, la ayudantía de base, las oficinas de meteorología, de comunicaciones, de sanidad, el museo y demás dependencias.
Los entrerrianos llegaron tras presentarse a una selección y como dijeron, la diferencia económica ayuda mucho, pero en la carrera de ellos una campaña antártica aporta puntaje y un buen reconocimiento para futuras comisiones o ascensos. Puesta Verónica al teléfono, contó que en Marambio hay diez mujeres: cinco en la dotación y cinco pertenecientes al grupo de trabajo de verano, que se vuelve en enero. “Además de ser auxiliar de pronósticos, hago tareas comunitarias como todos”, dijo Verónica, agregando que al momento de la entrevista, mientras por estos lados el calor agobiaba, allá nevaba y nada hacía pensar que la situación cambiaría. “Tenemos una temperatura de 2º bajo cero y una sensación térmica de 10º bajo cero. El 24 a la noche nevó -apuntó, completando con un “el paisaje es maravilloso. Hay que estar acá para ver y entender. Alrededor todo es blanco, tenemos los témpanos que nos rodean y esto es muy tranquilo, muy lindo”. Volviendo al brindis de la Navidad, contó que fue con luz de día. La razón estriba en que, como explicó, hasta fines de marzo hay luz las 24 horas del día, con una penumbra a las 23, similar a la que tenemos aquí cuando se oculta el sol, que para ellos vuelve a salir las 2 de la mañana. En contraposición, en invierno apenas tienen dos horas de penumbra, pero nunca sol a pleno como nosotros.
La pregunta resultó un tanto obvia: ¿qué es más difícil de sobrellevar? y ella dijo “cuesta acostumbrarse porque las dos cosas son difíciles. A veces son las dos de la mañana y hay que ambientarse, tapar las ventanas y dormir. Y en invierno es al revés: no tenemos noción del horario, porque a las 9 de la mañana aquí es de noche”. Aún así, están allí porque pidieron y les gusta. “Es un orgullo estar acá y compartir lo que se vive en una misión de éstas”, dijo en nombre propio y de sus compañeros. Nuevitos los tres en la Base Marambio, a la que llegaron el 26 de octubre, leerán esta nota en la página web. Y lo harán en aquel lugar distante del paisaje al que tienen hecha la mirada; donde el blanco tiene mil variantes que el ojo común no distingue.

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